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COÑARIPE Y LIQUIÑE, EPICENTRO ENERGÉTICO EN PANGUIPULLI Imprimir E-Mail

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Lobby e inversiones en territorio de ancestros y termas

La zonas cordilleranas de Panguipulli, es decir Coñaripe y Liquiñe, ven irrumpir en territorio propio la expansión hidroeléctrica a que apuestan en el sur de Chile diversas trasnacionales. Las más visibles son Endesa España, entre la Décima y Undécima región; y la noruega SN Power, con su filial chilena Trayenko, en la nueva Región de Los Ríos. Esta última parece estar pisando el terreno más pantanoso de su gestión.

La avanzada de Trayenko hacia sus objetivos ha estado en dejar entrever a la comunidad cada uno de las obras que pretende instalar en la recién creada región, como si el solo hecho de informar sea el motivo para abrir puertas. Por otro lado, el trabajo de lobby atraviesa diversas capas de la ciudadanía, como aportes bibliográficos educativos infantiles por parte de la empresa, por ejemplo, la Enciclopedia de la Energía, entregado en escuelas locales; otro caso fue la sorprendente aparición de Hidroeléctrica Trayenko como auspiciador principal del plantel de básquetbol Deportivo Valdivia, hoy entre los punteros de la Dimayor. 

Opuesto a este trabajo, en la zona más cordillerana de la nueva región, se ha despertado una reacción de rechazo cerrado a las hidroeléctricas, focalizado al norte del área lacustre, marcada por la influencia del lago Calafquen. La fase más alta de esta cuenca sería el epicentro del experimento de un nuevo concepto en centrales generadoras de electricidad en Chile. Se basan en la afluencia de los cauces, pero sin bocatomas transversales a la corriente, sino en diques de obstrucción parcial que permiten  la conducción de un porcentaje del caudal  a un ducto subterráneo que finalmente distribuye las aguas verticalmente hasta longitudes que pueden superar los 1.000 metros de profundidad. Ahí sería el punto de generación eléctrica.

 

Todos estos proyectos de central se caracterizan por ubicar puntos de captación de aguas en zonas de altura (sobre la cota de los 1.200 m.s.n.m en el caso de Liquiñe y Coñaripe) y a su vez descargarlas, luego de utilizadas, en algún río o lago ubicado en las áreas bajas.  El desnivel entre los valles y sus montañas es muy pronunciado en esta zona, lo que evitaría mayores derroches en los costos de generación de las centrales.

La descripción parece simple, pero muchos habitantes prevén efectos devastadores en los sistemas de micro cuencas, que surgen a partir de cada uno de los ríos solicitados por Trayenko (como 10 en esa zona), de los que se estaría quitando sobre el 60 por ciento de promedio de cada caudal, para ser dirigidos por ductos subterráneos y devueltos a un nuevo sistema hídrico unos cuantos kilómetros de distancia del punto donde fue captada, variando esto entre 10 y 23 kilómetros.

El reclamo contra estos proyectos (que sumarían en tres centrales 250 MW de generación) surgió de las propias localidades, como Coñaripe y Liquiñe, en conjunto con áreas rurales, que representan sobre el 50 por ciento de la población, y se dispersan en casas, ranchos y chozas hasta en las más recónditas quebradas. Sólo las zonas urbanas de aquellos valles suman  más de 2.600 habitantes. Coñaripe tiene más de 1.400 y Liquiñe sobre los 1.200 habitantes, cada uno con áreas rurales próximas y bien pobladas, sin sistemas de agua potable, pero ancestralmente dependientes de arroyos que son parte de su forma de vida agrario ribereña, donde además proliferan brotes de vertientes termales. Uno de los sectores emblemáticos que reúnen estas condiciones es Carirriñe, que ocupa la ribera norte del río Liquiñe, adonde desembocarían las aguas que pretenden captarse en conjunto a cinco lagunas: la Pichicarranco, el llamado lago 17, Los Mellizos, La Pera y el Chanlil.

Todos estos estancos naturales de agua, todos sobre los 1.200 m.s.n.m, tienen aguas solicitadas prácticamente en sus zonas de desagüe de sus respectivos ríos, y todos tendrán una salida de captación que unirán íntegramente los caudales, que concentrados darán a un embalse final de captación que se dice tendría 4 kilómetros cuadrados (400 has.) Y todo se irá directo desde aquí al fondo de los cerros y será evacuado directo en el valle.

“Aquí hay una cantidad grande de gente que va a quedar sin agua”, asegura Benedicto Punulaf, conocido micro empresario termal, de origen mapuche, quien ya conoció los planos de SN Power, y por más que le han dado argumentos él no se convence, y no esconde su amargura. “Para arriba no va a haber más agua, se va a secar todo”, afirma.

El dueño de las Termas Punulaf, lugar que su padre comenzó a desarrollar turísticamente y su abuelo prestaba como fuente curativa a las comunidades de la zona, parece conocer como la palma de su mano los lagos y ríos que involucrarían los proyectos de la filial hidroeléctrica noruega. Comenta como han llegado los gerentes a mostrarles como se unirán los lagos, pero él ya prevé incluso un impacto negativo en las fuentes termales, recurso tan importante para ellos y para toda la comuna de Panguipulli, que se proyecta principalmente en el turismo, en este caso a través de un producto que ha dado resultado: La Ruta de la Salud.

Otras zonas rurales están en conflicto, como Los Cajones, en las faldas sur del volcán Villarrica (al norte de Coñaripe), y son puntos sensibles y dependientes totalmente de la influencia que pudieran provocar estas centrales. Aquí el reclamo se hace más contundente aun, debido a que surgen objeciones también de no mapuches.

En dicho lugar, Erasmo Vergara, de las Termas Vergara, pone atención en un dato curioso. Su área es considerada “zona roja” en el mapa de riesgo volcánico de la ONEMI y a su vez los cauces indicados en tal calidad, como el Aihue y el Llancahue son autorizados para crear inundaciones de 6 y 30 has. respectivamente para fines hidroeléctricos. Diques de captación conducirán, asegura Vergara, el 70 por ciento de cada caudal, los que finalmente serán reunidos en un tercer punto de inundación en el río Quilalelfu, donde se acopiarán 80 has. de agua. Recién ahí caen en picada subterránea las corrientes para fines de generación energética. “Todo esto se hace en una zona de lahares volcánicos, propensa a los temblores y donde existe una falla geológica como la Liquiñe –Ofqui, de la cual dependen las termas, es una zona sensible y donde viven en la parte baja 3.500 personas”, apunta Vergara.    

Desde la misma trinchera anti centrales, vale decir, de los que son empresarios termalistas del sector Los Cajones, surgen  otros como las termas El Rincón que se suman a la protesta. Y de estos, otro de los que ha influido bastante es el empresario y reconocido arquitecto Germán Del Sol, dueño de las afamadas Termas Geométricas. Si los Vergara lloran los impactos que puedan ocurrir en el estero Aihue, Del Sol es tajante al intentar impedir interrupciones tan considerables en el río Llancahue (ver recuadro).  

Si hay una particularidad en el reclamo de las zonas de Coñaripe y Liquiñe es en que la objeción nace y se define autónoma, independiente de que se hayan sumado voces reconocidas en el círculo de las organizaciones ambientalistas e indigenistas desde afuera.

Estas zonas se distinguen de otras en cuanto a su densidad de población indígena (más de 3.000 habitantes de la etnia concentrados en unos 20 kilómetros cuadrados). Estas características se dan entre otros factores por una condición de recepción histórica de Coñaripe y Liquiñe  al movimiento demográfico mapuche, convirtiéndolo en uno de los polos de mayor preservación de estilos de vida comunitaria. Esto, se ha traducido en la actualidad en una forma de trabajo micro empresarial asociativo espontáneo, de fácil y armónica conformación de redes. Cabe recordar que, para bien o para mal, esta zona fue una de las más organizadas en tiempos de la reforma agraria de finales de los años sesenta y principios de los setenta. 

Esta situación de reacción organizada no ha estado ausente en esta nueva crisis social -¿no lo es?- que se presenta a partir de la noticia de la instalación de centrales hidroeléctricas en esas tierras.

Pedro Antimilla, presidente de la comunidad indígena Carlos Antimilla, una de las más extendidas y pobladas de Coñaripe, comenta que supieron de todo esto en mayo del año pasado, por una radio local. “Nos enteramos cuando la locutora celebraba la llegada de una empresa a invertir en hidroelectricidad, luego sale en el diario El Mercurio, ya dando detalles del despliegue, se nos vino a la mente lo que pasó en Ralco, y nos pusimos en acción, formamos una comisión, a la que pusimos Newen Mapu”, explica.

Luego otra líder se puso en acción, también afectada, una mujer de Carrirriñe, María Eugenia Calfuñanco. Ella representa a las comunidades ancestrales de su sector.

Carrirriñe tiene un hermoso paisaje en una ribera del río Liquiñe, donde abundan pequeños campings, cabañas en los montes, sectores para acampar sin problemas en carpas o casas rodantes. Toda esta infraestructura de bajo impacto convive con el pastoreo y el cultivo agrario menor y aun comunitario, donde predomina la hortaliza. Más arriba comienza el bosque nativo, abundante aun, muy tupido y gigantesco, a pesar de casi un siglo de explotación maderera.   

Calfuñanco es hoy la werken de los afectados del sector de Carrirriñe y sus gestiones han dado muestras de parlamentar la salida de SN Power a partir del diálogo directo y –en lo posible- de igual a igual con la trasnacional.  Ha convocado a una reunión a Nils Huseby, representante de SN Power para Latinoamérica, y único interlocutor considerado válido por las comunidades afectadas. Esta cita, que busca generar el diálogo por sobre Trayenko, la filial chilena, sería otra muestra del movimiento por apelar, a oídos noruegos, por el respeto a ciertos principios convenidos a respetar por la empresa.

No obstante las intenciones, Huseby delegó en los gerentes de Trayenco la posibilidad de diálogo, no sin antes adelantar que debía participar el día 11 de diciembre en la reunión donde participaría Antimilla, en Oslo.

La participación de Calfuñanco y su gente unió al valle superior, de Liquiñe, con el de más abajo, Coñaripe, lo que conformó en un tiempo una demanda conjunta y bien coordinada, que desde agosto de este año llaman Mesa Pellaifa Newen, ahora con la participación de empresarios termales y también de grupos ambientalistas. Un llamado simple acompaña al nombre de Pellaifa Newen, es un lema (o slogan, si se quiere). Y dice: “Más claro que el agua”, NO A LAS CENTRALES HIDROELÉCTRICAS.

Más información en http://pellaifanewen.blogspot.com.

 

 
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